Buscate un plan B

Caída de pelo, uñas quebradizas, gripes frecuentes, insomnio, cansancio, alteraciones bruscas de humor… todo eso puede indicar que estás sufriendo del mal del siglo XX y XXI: el estrés.

Si no puedes cambiar tu modo de vida o de trabajo, puedes intentar minimizar la tensión con algunos pocos -pero eficaces- consejos.

Ante todo, necesitas actividad física. Busca algo que te guste, ya sea caminar, nadar o date unas vacaciones. Lo importante es dedicar algún tiempo a una actividad que pueda relajarte y a la vez desconectarte de tus fuentes de preocupación.

Somos lo que comemos. Es un hecho. Y si comemos de prisa, de pie, corriendo y en cima alimentos procesados, ricos en grasas y azúcares… muy mal. Cambiar la dieta, y pasar a una alimentación rica en productos frescos, frutas, verduras y agua o sumos naturales es la opción más acertada.

Organización. Saber estructurar bien las actividades y conseguir aunque sea un par de horas diarias para mimarte es fundamental. Todos tenemos ese tiempo, pero en la mayoría de veces lo desperdiciamos delante de la televisión.

Reconocer nuestras limitaciones y saber que abarcarlo todo es imposible es otro paso importante. A veces decir no es más positivo que hacer lo que no podemos o no tenemos tiempo. Di no algunas veces y te sentirás mejor.

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